Esta boutique atendía principalmente a mujeres jóvenes y solteras. Mi madre y la Condesa Izar parecían demasiado mayores para comprar vestidos aquí.
La Condesa miró un sombrero que estaba expuesto en la sala de recepción.- "Una jovencita que es pariente lejana se hospeda en mi mansión" -dijo.- "He venido a comprarle algunos accesorios para el cabello y sombreros."
La dueña se acercó a la Condesa Izar con una empleada y le preguntó: "Qué edad tiene?"
"Tiene más o menos la misma edad que ellas" -dijo la Condesa mirándonos y riendo.- "Quizás un poco más joven."
Mi madre le sonrió a la Condesa.- "Ah, estábamos eligiendo los accesorios para la fiesta de debut. Por qué no elegimos juntas?"
Mi madre nos dejó y empezó a elegir sombreros con la Condesa Izar. Les hice un gesto a mis amigas y les dije que deberíamos cambiarnos de ropa. Phelia e Iris fueron las primeras en entrar a los vestuarios.
Las dos mujeres todavía estaban eligiendo sombreros, así como plumas y piedras preciosas que servirían como accesorios.
"De qué color es su cabello?" -preguntó mi madre.
"Rosa... no, bueno, en realidad es un plateado cercano al rubio platino" -dijo la Condesa.
"De qué color son sus ojos?"
"Púrpuras. Combinan muy bien con las amatistas."
"No me digas que es esa hermosa sobrina tuya. Los rumores sobre ella se han estado extendiendo positivamente."
La Condesa Izar sonrió tímidamente. Parecía ser la misma chica que Iris había mencionado, la que había debutado en el territorito Izar.
"Yo también he oído hablar de ella" -dijo la dueña de la boutique.- "Las malas lenguas dicen que es la nueva prometida de Lord Ritaus."
La Condesa parecía muy divertida, no podía contener la risa.- "Su prometida? No, en absoluto. Pero qué rumor más divertido! Ja ja!"
Mi madre se rió con ella y luego dijo: "Me encantaría conocerla algún día, Condesa."
"Ella estará conmigo en la fiesta de Shumanix. Te la presentaré entonces."
"Santo cielo! Ella irá? Por fin podré verla. Qué encantador!"
Mi madre, la Condesa Izar y la dueña de la boutique charlaron animadamente durante un buen rato, pero yo tenía problemas para contener un suspiro. Quería volver a casa rápidamente.
Finalmente, después de que Iris salió del vestidor, pude recoger mi ropa y entrar.
***
La mansión de la capital no tenía suficientes habitaciones para albergar a todos los sirvientes, por lo que solo pudimos llevar a unos pocos seleccionados.
Compartiría habitación con Marian, y Phelia e Iris usarían la de Franz. Como mi hermano había renunciado a su propia habitación, tendría una cama para él solo en el pequeño estudio de la mansión. Había muchos libros en el estudio, así que básicamente no saldría de esa habitación.
Descubrí "El Digno Pero Entretenido Informe Sobre la Ecología de las Aves Silvestres de la Región de Troysen", entre las cosas de Franz. Parecía que le había cogido cariño. Lo conservó todo el día e incluso lo leyó el día del baile de Shumanix.
Había valido la pena colocar el libro a escondidas en el estudio. Cómo podría un fanático de las aves silvestres como él no sentirse atraído por él?
"Una nueva fascinación?" -pregunté, fingiendo no saber nada del libro.
Franz levantó la vista de su lectura y me sonrió tímidamente.- "Hay pájaros en la región de Troysen que no se pueden encontrar en la nuestra. He visto dibujos y sus plumas son de color bronce. Me encantaría verlos en persona."
Una muy buena señal. Franz definitivamente estaba interesado en Troysen.
"Parece que estás listo para emprender un viaje" -dije, dándole un codazo en el costado. Debió haberle hecho cosquillas porque se rió.
"La región de Troysen está demasiado lejos para eso. Está cerca de la frontera. Y pronto tendré que volver a asistir a una academia, no? No tendré tiempo para viajar."
Él parecía profundamente decepcionado, pero yo estaba bailando por dentro.
"Que te parecería si... buscara una escuela en la región?" -pregunté.- "Si eso es lo que quieres, por supuesto."
Sus ojos se abrieron de par en par.- "Podemos hacer eso? En serio?" -Incluso su tono sonaba eufórico, lo que me desconcertó. Estaba mucho más interesado en Troysen de lo que había imaginado.
"Sí, lo investigaré. Veremos si hay escuelas aptas para nobles."
"Gracias, Kyla. Por favor, hazlo. Me encantaría visitar Troysen al menos una vez."
'No será solo una visita. Me aseguraré de que vivas ahí, en la Academia Femenina Oculus. Je je je.'
Mi hermano parecía muy contento; definitivamente no sabía nada de mi plan.
Poco después, mi madre entró en el vestíbulo.- "Franz, nos vamos pronto. Cuánto tiempo más piensas seguir leyendo?"
Sus regaños habían comenzado
"Estaba leyendo mientras esperaba, madre. Hace cuarenta minutos que estoy listo."
"Ya sabes que las mujeres tardamos más en prepararnos. No somos como los hombres, que sólo necesitan vestirse y retocarse el pelo."
Franz sonrió torpemente.
Yo había sido la que se había preparado más rápido entre las chicas. Las demás estaban terminando lentamente; podríamos irnos tan pronto como Marian y Phelia estuvieran listas.
"Veamos. Mi querida hija, eras bastante bonita con ropas deslucidas, pero ahora que estás bien vestida brillas." -Los ojos de mi madre estaban llenos de orgullo.
Llevaba un vestido celeste muy llamativo que dejaba mis hombros al descubierto por completo. En lugar de mangas, tenía guantes que se extendían hasta mis brazos.
Atrevido. Un vestido de debut sin siquiera tirantes?
Mi madre había elegido este vestido. Yo había elegido un vestido blanco de aspecto moderado que no llamaría la atención, pero ella ignoró por completo mi opinión.
Iris había elegido un vestido rosa claro, pero mi madre le había dado un cambio de imagen al diseño, por lo demás ordinario, envolviéndolo con encaje rosa oscuro.
Iris parecía un poco incómoda mientras se miraba al espejo, pero también tenía un rubor de emoción en sus mejillas.- "Kyla, esto no es demasiado llamativo... verdad? Nunca antes había usado algo así. Está bien usarlo para un baile de debut?"
"Es muy elegante" -dije.- "Te ves hermosa."
"Claro que está bien usar este vestido!" -intervino mi madre.- "Ustedes, chicas, son lo más destacado del baile. Tienen que resaltar, incluso si están solas en un rincón!"
Mi madre estaba encantada de ver a Iris tan elegante. No era de extrañar, ya que había estilizado cada detalle del atuendo.
Oí pasos que bajaban las escaleras. Mi madre levantó la vista y exclamó: "Sabía que podía confiar en mi buen gusto!"
Phelia bajó las escaleras. Su vestido era amarillo claro con mangas de encaje blanco y lindas cintas de color verde claro.
"Te queda perfecto, Phelia!" -exclamé. Ella siempre llevaba trenzas dobles que la hacían parecer una estudiante modelo, por lo que este cambio de apariencia fue bastante sorprendente. El lindo diseño del vestido le quedaba perfecto.
Mi madre estaba radiante.- "Sus ramilletes quedan preciosos con sus vestidos! Parece que elegí bien."
Phelia, Iris y yo llevábamos ramilletes de flores y encaje para indicar que éramos debutantes. Mi madre había preparado todo, incluidos los ramilletes.
A diferencia de las tres que llevábamos vestidos de debut, Marian parecía bastante madura.
"Lo siento por la demora" -le dijo a Franz, que había estado esperando todo este tiempo.
Franz sonrió, pero retrocedió sin darse cuenta.
"Franz, deberías escoltarla!" -regañó mi madre.
Marian había elegido un vestido con un color y un diseño que la hacían parecer mayor, es decir, mayor que sus dieciséis años. Era de un color vino oscuro y la espalda era muy baja, dejando al descubierto su piel. La falda se ajustaba firmemente a sus piernas y se ensanchaba en pliegues ondulantes en la parte posterior. Llevaba su cabello rojo recogido en un moño y los únicos accesorios que llevaba eran de diamantes.
A pesar de parecer mucho más madura que el resto de nosotras, ella aún lograba verse elegante.
Franz se acercó con cautela y le tendió la mano. Marian deslizó suavemente su mano en la de él.
Visualmente hablando, estaban horriblemente emparejados. Franz era un joven herbívoro, mientras que Marian lucía elegante y poderosa. Parecía el tipo de persona que no habría tenido problemas en solicitar un reembolso en una tienda.
"Franz, siéntate con Marian" -le indicó mi madre.
Franz ayudó a Marian a subir al carruaje primero, le tomó la mano y también le puso una mano en la cintura para ayudarla a subir. No había química entre ellos, así que parecía más un asistente que atendía a una dama que cualquier otra cosa. Franz era muy atractivo, gracias a nuestra madre, pero palidecía en comparación con alguien como Marian.
Habían alquilado un carruaje gigante tirado por cuatro caballos, con capacidad para ocho personas, y a los sirvientes y doncellas se les había dado otro carruaje para viajar.
Los dos carruajes salieron de nuestra mansión y se dirigieron a la mansión Shumanix, que era donde vivían mis abuelos maternos. Las calles nocturnas de la capital brillaban con bombillas de cristal alimentadas por piedras de mana.
"Las calles están iluminadas como si fuera de día. Es hermoso."
Phelia e Iris observaban las calles a través de la ventana y parecían muy contentas. Al observar su alegría, mi estado de ánimo también mejoró.
Llegamos pronto y ya había mucha gente esperando en el salón central. Una banda de cuerdas tocaba música tranquila y los sirvientes distribuían bebidas a los invitados.
Mi primer baile del día lo iba a hacer con mi padre. Marian bailaría con Franz; Phelia e Iris bailarían con mis primos de la familia Shumanix.
"Así que estas son las amigas de Kyla de la academia!" -dijo la Condesa Shumanix.- "Es un placer conocerlas!"
Phelia e Iris hicieron una reverencia.- "Encantada de conocerla, Condesa."
"Estos son mis hijos, quienes serán sus acompañantes hoy. Ellos son: Christian Shumanix, mi primogénito, y Allen Shumanix, el segundo. Son encantadores, no es así?"
Christian y Allen eran mis primos, tenían veintitrés y veintiún años respectivamente, y parecían haberse convertido en jóvenes hechos y derechos desde la última vez que los vi.
Mis primos se acercaron a sus respectivas parejas y les besaron el dorso de las manos.- "Un placer conocerte."
"Oh, cielos!" -Eran bastante apuestos y Phelia e Iris reaccionaron tímidamente.
Me sentí aliviada. A mis amigas parecían gustarles sus parejas.
Entonces noté una figura familiar: una persona con un cuerpo ágil, una cara larga y delgada, una mirada afable y cabello corto y rubio.
Él pareció notar mi mirada y giró la cabeza para mirarme con una sonrisa
Nicholas Chiad.
"Qué está haciendo él aquí?"
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