Cuando terminé de cenar y regresé a mi habitación, encontré una pila de cartas en mi mesa de té. Vi una carta gruesa, así como varias invitaciones. Un sobre de color violeta claro me llamó la atención.
"Oh, es de Phelia."
Lo abrí y encontré varias hojas de papel muy bonitas, también de color violeta claro. El sobre contenía incluso una violeta prensada, una flor que era poco común ver en invierno. Dentro había dos cartas: una de Phelia y otra de Iris. Recordé haber oído que Iris y Phelia eran de la misma región.
Ambas escribieron que me extrañaban y que, si no me importaba, les gustaría invitarme a sus casas.
Sentí una extraña sensación cálida y agradable en el pecho. En mi vida anterior, nunca había sentido una sensación tan agradable, ni siquiera durante mis días de escuela.
Así que les respondí inmediatamente. Tal como me había sugerido mi madre, las invité a que me visitaran. Después de poner las respuestas a cada chica en sus respectivos sobres, los cerré con el sello de Vesta.
Después de eso, tuve que revisar todas las demás invitaciones dirigidas a mí. Todas eran para tomar el té o para otras fiestas. Al parecer, muchas de ellas habían empezado a llegar después de que se supiera que yo era ahora la heredera de mi casa.
'Ni siquiera he debutado todavía...'
Justo cuando me preguntaba qué hacer con ellos, de repente recordé otra invitación que había recibido.
'Astair'
Solté un grito: "Oh, santo cielo!"
'Me olvidé por completo de él!'
"Kyla, qué pasa?"
"Lady Kyla, pasa algo?"
"Milady, acabo de escuchar un grito..."
Franz, Alto y las criadas vinieron corriendo cuando oyeron mi grito. Quise decirles que no pasaba nada, pero me temblaban los labios y me costaba hablar bien.
Simplemente les hice un gesto para que se alejaran.
Remi se acercó a mí, parecía preocupada.- "Milady, respire profundamente. Inhale por la nariz y exhale por la boca. Así es. Lentamente."
Hice lo que me dijo Remi y mi sorpresa pareció disminuir un poco, pero el miedo no.
'Qué hago? Qué demonios hago? Debería enviarle una disculpa ahora mismo? Pero, y si eso solo me hace involucrarme más profundamente con él?'
Si hubiera sido cualquier otra invitación, no habría tenido que enviar una carta de rechazo, aunque no responder se consideraba de mala educación en los círculos nobles. Pero se trataba de Astair Lisrich. Era impredecible y quién sabía si empezaría a odiarme por un desaire tan pequeño.
"R-Remi, necesito tu ayuda" -le supliqué. Ella tomó mis manos y asintió.
"Milady, qué le parece una taza de té caliente?"
Bebí lo que me dio y respiré profundamente de nuevo.
"Remi, qué querría como regalo un chico de unos quince años?"
"No estoy segura, Milady. Tal vez debería preguntarle al joven amo Franz."
"No. No serviría de nada." -Seguro me dice que un libro ilustrado sobre insectos o aves. Lo supe sin siquiera preguntárselo.
'Qué diablos hago? Piensa, Kyla! Piensa!'
Revisé cuidadosamente mi memoria, pensando en las preferencias de Astair. Recordé sus inclinaciones sexuales, pero no mucho más. Después de todo, el cómic era una tragedia para adultos y rara vez se infundían escenas de la vida cotidiana en la historia.
De repente, recordé haber visto su dormitorio en uno de los dibujos: era una acogedora habitación de princesa llena de rosas y encajes. Su cama estaba prácticamente cubierta de muñecas: había animales de peluche, como conejos u osos, así como muñecas de bisque.
"Eso es! Muñecas!"
Rápidamente escribí una carta de disculpa y le dije a Remi que visitara a un fabricante de muñecas mañana.
Le encargaría una bonita muñeca de bisque.
***
La risa gutural de un niño que había pasado la pubertad resonó en la mansión Lisrich.
Astair se doblé de risa y Ritaus permaneció en silencio.
Frente a ellos había una carta de disculpa y un regalo de Kyla Vesta. Había enviado una linda muñeca con piel de porcelana blanca, cabello rosa brillante y ojos de vidrio violeta.
"Ritaus, por qué crees que Kyla Vesta me envió esto?"
"Qué quieres decir con por qué? No debe querer decir nada especial con eso. Estás llevando las cosas demasiado lejos."
Ritaus no podía entender por qué Astair se divertía tanto con esta situación, no es como si siempre hubiera podido entender al niño, pero era peor ahora que era mayor.
"Ya sabes que las muñecas son el regalo que menos me gusta. Y esta se parece a mí."
Kyla no podía haberlo hecho a sabiendas, pero aún así fue una coincidencia divertida. Era el peor regalo que alguien le podría haber hecho a Astair, especialmente porque lo representaba como una niña, algo que había empezado a odiar cada vez más últimamente.
Otros podrían haber pensado que le gustaba vestirse de chica, pero él realmente lo odiaba. Sin embargo, afortunadamente, lucir como una chica hermosa le había permitido detener los rumores sobre que el nieto del Duque Lisrich estaba vivo.
Sabía lo hermoso que podía lucir y podía adoptar una fachada altiva y maliciosa frente a extraños, pero cada vez le resultaba más difícil mantener esa imagen.
Cuánto tiempo más tendría que vivir así?
"Lady Kyla no podría saber nada de tu disfraz" -dijo Ritaus, intentando ser lo más persuasivo posible. Temía que el interés de Astair por ella pudiera tomar un giro siniestro.
"Lo sé. Por supuesto que ella no lo sabe. Pero de todos los regalos..."
Por qué tenía que ser uno que se pareciera a él vestido de niña? Astair miró fijamente a la muñeca de pelo rosa que estaba sobre la mesa y rió huecamente.
"Me pregunto si Kyla Vesta ha oído algo sobre el Reino de los Espíritus." -Astair palpó con los dedos la muñeca, que tenía el pelo idéntico al suyo.- "La población en general no lo sabe. Probablemente ella tampoco."
Alich, el Reino de los Espíritus, había sido destruido hace casi cien años y los ciudadanos comunes no tenían ni idea de que alguna vez había existido. Sólo unos pocos sabían cómo eran los habitantes del reino y de qué eran capaces.
"Ritaus, parezco tan joven?" -preguntó Astair.- "Lo suficientemente joven como para querer una muñeca de regalo?"
Ante los ojos de Ritaus, Astair todavía parecía una niña de esa edad. El problema, por supuesto, era que él no era una niña, aunque no lucía lo suficientemente joven como para provocar desesperación.
"Te preocupa tu altura?" -preguntó Ritaus.
Astair de hecho había comenzado a preocuparse por su altura: no había crecido en algún tiempo.
"Realmente odio que la gente me regale muñecas, Ritaus."
"Lo sé."
El Duque Lisrich le había regalado a Astair una muñeca cada vez que salía de la mansión. A medida que Astair se hacía mayor, ya tenía quince años, las necesitaba cada vez menos. Ahora ya no las necesitaba, pero el Duque le había regalado otra hace poco.
Por eso la cama de Astair estaba llena de ellas.
El joven Astair se había sentido terriblemente solo, y por eso se había obsesionado tanto con Ritaus. Había querido que Ritaus o su abuelo se quedaran en casa con él, pero en cambio, se había quedado solo con sus muñecas como compañía.
"Por cuánto tiempo más la gente me verá como un niño? Si me vas a dejar solo, no te molestes en volver" -murmuró Astair en voz baja.
***
Pasó un tiempo y los invitados que había estado esperando finalmente llegaron: Phelia e Iris estaban aquí para quedarse en la mansión.
"Bienvenidas, señorita Phelia Kowritz, Lady Iris Cline. Bienvenidas a Vesta."
Mi familia y todos nuestros sirviente nos reunimos para dar la bienvenida a mis amigas.
"E-Encantada de conocerla, Milady."
"Hola, Milord."
Phelia e Iris parecían nerviosas cuando saludaron a mis padres. Les temblaban las manos al agarrar sus vestidos. Mi madre ni siquiera pareció notarlo porque se acercó a las dos niñas sin darse cuenta.
"Ustedes dos son tan lindas y vivaces como Kyla me describió!" -exclamó mi madre.- "Ella me contó mucho sobre ustedes dos."
"Si necesitan algo, no duden en pedirlo" -dijo mi padre.- "Les diré a todos en la mansión que estén ahí para darles lo que necesiten." -Interrumpía a mi madre cada dos por tres, aparentemente queriendo participar en la conversación.
"G-Gracias, Milord!"
"Es usted demasiado amable!!"
Mi padre también les preguntó detalles triviales sobre ellas mismas, pero ellas parecían incómodas, ya que respondían en voz baja y con la cabeza gacha. Esto es sorprendente: Phelia había sido muy habladora en la academia.
"Espero que su viaje hasta aquí haya sido cómodo?" -preguntó mi padre.
"Sí! Muchísimo."
"En ese caso, compraré los mismos boletos para el viaje de regreso."
"No, no hay problema! Tomaremos el tren normal!" -Phelia e Iris sacudieron la cabeza, sorprendidas.
A mis padres parecían gustarles mucho Phelia e Iris, ya que habían pagado unos boletos de tren mágico muy caros para su viaje hasta aquí. El precio de los boletos de tren mágico tenía unos dos ceros más que los boletos de los trenes de vapor normales, e incluso los nobles se lo pensaban dos veces antes de comprarlos. Mis amigas habían tardado diez minutos en recorrer una distancia que normalmente les habría llevado unas veinte horas.
"Franz las ayudará cuando suban al bote en el lago. Ya conocen a Franz, verdad?" -Mi madre presentó a mi hermano, que estaba a mi lado.
Phelia e Iris asintieron. Franz hizo una reverencia, como era la costumbre noble, y les besó la mano.
"Nos vimos en la academia pero nunca nos presentaron formalmente. Soy Franz Vesta. Espero que guarden recuerdos maravillosos durante su estancia."
Phelia e Iris se sonrojaron ante su brillante sonrisa.
"Milord, ya es hora." -Un asistente que estaba al lado de mi padre le mostró un reloj de bolsillo.
Mi padre miraba a mi madre una y otra vez, como si no quisiera irse, pero mi madre evitaba su mirada. Al final, se vio obligado a ir a trabajar y se le encorvaron los hombros.
"Hasta luego, querido!" -exclamó mi madre.
Cuando mi padre desapareció con sus asistentes, mi madre llevó a las dos chicas a recorrer la mansión, y Franz y yo las seguimos.
"Este es el Salón Gigantia. Aquí es donde se celebran los bailes y los eventos más importantes. En el segundo piso hay un salón más pequeño que usamos para fiestas pequeñas."
Pude ver que mis amigas estaban cada vez más relajadas a medida que seguían a mi madre.
"Espera, esta escultura es de Saromena Arte, la escultora que vivió hace un siglo?"
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